Crecimiento “made in China”

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La economía China, desde los primeros brotes de liberalización económica a principios de la década de los 80, ha venido creciendo a tasas muy por encima del resto de países, unas tasas que dejan una media del periodo 1979-2016 del 9,6%. Es este ritmo de crecimiento el que ha llevado a China a triplicar su PIB en 15 años y el que la ha situado hoy en día como la segunda potencia económica a nivel mundial.

La teoría sobre este rápido crecimiento parece estar respaldada por cuatro fuerzas: las inversiones de capital a gran escala, financiadas en gran medida por ahorros domésticos, una enorme dotación de mano de obra barata, las exportaciones chinas y la inversión extranjera directa.

Si bien es cierto que los salarios en China han mejorado considerablemente en los últimos años, las diferencias respecto al conjunto de países avanzados continúan siendo abismales. Es esta ingente cantidad de mano de obra barata la que ha permitido a China continuar con su estrategia de otorgar al sector exportador el papel de motor de la economía. En este sentido, la evolución del salario mínimo interprofesional nos permite vislumbrar esta diferencia en el punto de partida salariar y por lo tanto del precio del factor humano como factor de producción. Cabe destacar, además, que la evolución de los salarios en cada zona de China se ha visto condicionada por la proporción de población rural y el nivel de desarrollo económico de la zona, siendo más altos en las zonas con menos porcentaje de población rural y en las zonas costeras, por lo que el salario mínimo del China es un promedio de estos. De este modo, tal y como se observa en el gráfico, se puede ver que las diferencias salariales entre países son considerablemente grandes y que distan de converger en el corto plazo, ello implica que los costes de producción en China son menores al resto de países de Europa y también de Estados Unidos, que combinado con factores que se van a mencionar posteriormente, otorgaron a China la capacidad para competir con el resto del mundo. Por todo ello, en la primera década del siglo XXI, con bajos costes laborales, una economía orientada al exterior y la entrada del país en 2001 a la OMC, China se introdujo con fuerza en el comercio internacional.

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No obstante, haciendo referencia a la idea de Alfredo Pastor en su escrito “El papel de China en el mercado laboral de los países avanzados”, esta situación ha llevado a los demás países a preguntarse por los posibles efectos negativos sobre su mercado laboral. La principal preocupación de estos es como se van a mover los precios de los factores productivos, principalmente del factor humano. La experiencia nos dice que la igualación se va a producir en sentido ascendente, pero la economía china difiere en ciertas características que la podrían llevar a conseguir un resultado diferente. El gran tamaño de la reserva laboral del mundo rural, que provocaría una transición demasiado larga, y la pérdida de poder político inherente a potenciar el sector interno de la economía podrían ocasionar que esta convergencia no fuera en sentido ascendente, y lo hiciera de forma más pausada y con una transición parcial, cumpliéndose las preocupaciones de los principales socios comerciales de china.

La armonía que se estableció entre los bajos costes laborales, una media semanal de horas trabajas superior al promedio y las ganancias en productividad otorgaron al país una ventaja competitiva en coste y cantidad. En este sentido, las ganancias en productividad no solo fueron el resultado de una asignación de los recursos más eficiente tras la descentralización China, sino que el papel principal lo tuvieron las altas tasas de ahorro, ya que China se situó como el país con la tasa más elevada del planeta en el comienzo del siglo y este ahorro se trasladó en su mayor parte a inversión en el país. Plasmando los conceptos principales de Gloria Claudio Quiroga en “China, 30 años de crecimiento económico”, este elevado nivel de ahorro parece ser el resultado de la falta de un sistema generalizado de seguridad social, y la transición de ahorro a inversión es la consecuencia del exceso de liquidez, el incremento del superávit comercial y el crecimiento del crédito bancario.

Como se aprecia en el gráfico, China mantenía unas tasas de inversión considerablemente altas si nos fijamos en la composición del PIB según demanda agregada. Como se puede ver, el componente de inversión experimenta fluctuaciones pero en general es el componente que tiene mayor porcentaje en el conjunto de los años, mientras lo más común en los países avanzados es que sea el peso del consumo el que predomine en la aportación al PIB. En este caso, el consumo está compuesto tanto por el consumo privado como por el público, lo que hace resaltar aún más los datos de formación bruta de capital fijo. Estos altos niveles de inversión y una más eficiente asignación de este capital fue lo que permitió mejoras productivas constantes en el país que iban a potenciar el crecimiento Chino además de otorgar unos altos retornos que iban a captar la atención del capital extranjero.

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De este modo, ingentes cantidades de capital que no provenía de la población china entraban en el país[1] cada año en busca de rentabilidades positivas, inicialmente en el sector manufacturero que era el que estaba en auge a comienzos del siglo y posteriormente expandiéndose a otros sectores como el de los servicios o la alta tecnología. En definitiva, la incorporación de China a la OMC en 2001 llevó al país a convertirse, superando a Estados Unidos y Alemania, en la fábrica del mundo.

Cada una de las cuatro fuerzas tiene y ha tenido su papel en el extraordinario crecimiento de las últimas décadas. No obstante, China se enfrenta actualmente a unos retos para el futuro que muy probablemente van a provocar cambios en el modelo económico y en el devenir de este. Los 38 años de política de hijo único han provocado un envejecimiento poblacional que ha ensanchado la parte alta de la pirámide poblacional, poniendo en peligro las aspiraciones a un posible estado de bienestar. De igual modo que la población ha envejecido también se observa una desigualdad a nivel de ingresos de las más grandes a nivel mundial. Si bien es cierto que desde 2008 el coeficiente de Gini muestra una reducción de esta desigualdad, esta dista mucho de haber llegado a equiparar al resto de países. El reto continúa también en materia ambiental, donde los niveles de polución han alcanzado límites insospechables y parece que la tendencia va a ser muy difícil de revertir en el corto plazo, por no hablar de los inherentes problemas de salud que causan estos niveles de polución y los costes que conllevan. Asimismo, el alto nivel de endeudamiento privado parece ser un signo de que el modelo productivo se agota, por no hablar de los problemas de desregulación financiera que China debe combatir.

 

Todos ellos son algunos de los retos a los que China debe hacer frente y que muy probablemente son el resultado del modelo seguido hasta ahora, un modelo efectivo pero que debe modificarse y adaptarse a las necesidades actuales.

[1]Principalmente a través de las Joint Venture, que son Asociaciones empresariales en las que los socios comparten los riesgos de capital y los beneficios según las tasas acordadas.

 

Alejandro Solá Mercé,

Máster mercados financieros –  Universidad Pompeu Fabra

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Categorías:Economía, General

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