¿Hasta cuándo mantendrá la economía estadounidense su ciclo expansivo?

Según las estadísticas oficiales extraídas del National Bureau of Economic Research (NBER), la duración media de los períodos de expansión en el ciclo económico estadounidense desde 1945 es de 58,4 meses. Este dato toma la expansión como el período situado entre el valle, producido por la recesión anterior, y el pico máximo alcanzado por el producto interior bruto de los Estados Unidos hasta su siguiente descenso.

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Esta duración media del ciclo expansivo cercana a los 5 años hace suscitar dudas en torno a si la economía de Estados Unidos se mantendrá al alza por mucho más tiempo. Se cumplen ya más de 8 años desde julio de 2009, fecha en la que el NBER dio por terminada la “Gran recesión”. Bautizada así ya que, tras la Gran depresión posterior al Crack del 29, es la mayor crisis económica de la historia. El período expansivo actual va camino de convertirse en el más longevo jamás registrado. Hasta el momento este récord cifrado en 120 meses, lo ostenta el periodo comprendido entre marzo de 1991 y de 2001. El actual ciclo expansivo coincide con los máximos históricos de las bolsas estadounidenses. En este sentido, el Dow Jones (DJIA) ha superado por primera vez en su historia la barrera de los 26.000 puntos, mientras que el S&P 500 hace lo propio registrando también máximos nunca vistos. El ambiente de crecimiento se ve además respaldado por el actual gobierno de la Casa Blanca que, por el momento, con sus decisiones da todavía más recorrido alcista. En este sentido, la batalla por la aprobación de la reforma fiscal de la administración Trump ha espoleado el mercado americano todavía más si cabe en los últimos meses. La nueva ley se expresa como la más profunda remodelación en los impuestos de los últimos treinta años y acarrea consigo una reducción general del impuesto corporativo, que pasa del 35% al 20%, con la consecuente repatriación de beneficios empresariales que puede atraer. Además, la previsión de un mayor ritmo en las subidas de tipos por parte de la Reserva Federal a lo largo de 2018, hace todavía más atractivo el dólar al captar la atención de los inversores en busca de mayores rendimientos, acompañando de esta manera el crecimiento económico.

 

Pero aunque el periodo alcista está siendo extenso en Estados Unidos, el crecimiento del PIB dista mucho del de otros periodos expansivos similares. Mientras la media de avance del PIB en fases de expansión se encuentra en el 24,4%, en lo que llevamos de ciclo el repunte registrado se cifra en torno al 18%. Se debe hacer hincapié en que esta media engloba periodos cortos donde el crecimiento fue obviamente menor. Teniendo en cuenta que cada ciclo es diferente y los patrones no tienen porque repetirse, la teoría en torno a los ciclos económicos nos indica que la recuperación tras una recesión causada por una crisis de índole financiera, como es la actual, se caracteriza por ser más paulatina, a raíz de la debilidad de la demanda interna y el tensionamiento de las condiciones crediticias, este último potenciado por los acuerdos de Basilea III, que limitan el margen de actuación y exposición al riesgo de las entidades bancarias con tal de proteger la solvencia y liquidez de sus balances.

 

Los datos son favorables y las probabilidades de que la fase de bonanza termine en el corto plazo son bajas. Aun así, este periodo no ha traído consigo mejoras en todos los ámbitos, pues se observan atisbos de la debilidad del crecimiento en datos como el margen medio de beneficios recogidos por las empresas del S&P 500. Dichos márgenes se sitúan durante este periodo por encima de la media de los últimos 35 años, cifrada en el 6,4%; aun así, se observa que el crecimiento ha disminuido en los últimos años a partir de 2015, síntoma de que el recurrente crecimiento acelerado pudiera no ser sostenible. Otro signo de alerta lo encontramos en la denominada “curva de tipos invertida”, que consiste en un mayor rendimiento del bono a corto plazo que a largo, tomándose como referencia los bonos a 2 y 10 años, que podemos ver en el gráfico siguiente acompañados de la variación porcentual del PIB estadounidense. En este sentido, el bono a 10 años cotiza actualmente con una rentabilidad del 2,69%, mientras que el bono a 2 años lo hace al 2,17%, de esta manera se comprueba que la brecha que separa ambos rendimientos sigue decreciendo y se sitúa ya en los 52 puntos básicos, un valor altamente preocupante. La inversión de los rendimientos, que pudiera estar próxima debido a la estrecha relación actual, ha precedido las últimas siete recesiones sufridas en Estados Unidos.

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Concluyendo, el positivismo instaurado tiene fundamentos basados en la tendencia creciente que arroja el ciclo estadounidense, pero se debe cuestionar la solidez de esos pilares y estar alerta, pues el dato récord del periodo de 10 años de desarrollo sostenido, marca un hito importante, desmarcándose de precedentes. El endurecimiento de las condiciones crediticias por parte de Basilea, el elevado endeudamiento (posiblemente agravado por el mayor déficit fiscal que pueda provocar la reforma tributaria), un menor crecimiento del esperado en cuanto a los salarios, una inflación por debajo del objetivo o el ya citado menor avance de los beneficios empresariales, pueden ser algunos de los indicadores de la debilidad del ciclo económico de la, hasta el momento, mayor potencia mundial.

 

 

Andrés Benéitez

Máster en Banca y Finanzas UPF

 

 

 

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Categorías:Economía, General

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