El sector automovilístico en horas bajas: Pros y contras del Plan PIVE

El propósito de este escrito es analizar el posible impacto sobre la venta de turismos del plan de ayudas directas para el sector del automóvil, también llamado PIVE (Programa de Incentivos al Vehículo Eficiente), impulsado por el Ministerio de Industria. El objetivo del Ministerio es reactivar un sector en horas bajas, que ha registrado el peor mes de la historia (agudizado por el incremento del IVA que entró en vigor el pasado 1 de septiembre). En efecto, en septiembre sólo se matricularon 35.146 turismos, significando una caída del 36,8% respecto el mismo mes de 2011, según datos de ANFAC (Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones). El otro objetivo es estimular la sustitución de vehículos de más de 12 años por nuevos menos contaminantes. Obviando las características técnicas del programa, la idea es centrarse en el enfoque económico de la ayuda. El programa cuenta con un presupuesto de 75 millones de euros, ha entrado en vigor este mes de octubre, y la ayuda que se prevé es de 2.000 euros por vehículo, 1.000 de ellos provenientes de la administración central más 1.000 de los fabricantes. Consecuentemente, la medida posibilitaría la renovación de 75.000 vehículos.

Para observar el impacto de la medida, se pueden analizar los efectos que tuvo los planes de estímulo en el sector tanto en España como en otros socios europeos que siguieron la misma estrategia en 2009.

En el caso español, en el inicio de la ayuda en mayo de 2009, las matriculaciones caían en términos relativos más que ahora. Tal como se observa en el gráfico, el repunte exponencial de la demanda duró lo que efectivamente se alargó la ayuda, hasta julio de 2010.

La previsión para los próximos meses se puede extrapolar de la del 2009, salvando las distancias en lo que a coyuntura económica se refiere. Lo que sí parece claro es que el repunte se divisa, ya que la ANFAC ha adelantado un incremento del 150% de los pedidos de coches durante los primeros 10 días de octubre respecto el mismo periodo de septiembre (no es muy difícil dado que septiembre ha sido el peor mes de la historia).

Una de las hipótesis que se plantea, es que este impulso viene dado por un adelanto de decisiones de gasto, que con ausencia del plan PIVE, simplemente se hubieran llevado a cabo con posterioridad. Si comparamos el caso español con el resto países europeos que diseñaron programas similares en 2009, estos son Alemania, Francia e Italia, se pueden extraer algunas conclusiones interesantes. Primeramente, las matriculaciones vuelven al nivel pre-ayuda tras la finalización de ésta. En este sentido, el Banco de España elabora una posible evolución de la actividad si no se hubiese desarrollado el plan. Todo esto viene a corroborar la hipótesis planteada anteriormente: el impulso de la demanda es temporal. En segundo lugar, tal como se refleja en la comparativa europea, el mayor impacto se produce en Alemania en términos absolutos por su mayor dimensión económica y demográfica, aunque en tasas de variación esta diferencia disminuye.

La segunda hipótesis es el impacto global positivo sobre el resto de la economía: Primeramente, el multiplicador fiscal puede producir economías de arrastre en las empresas auxiliares, muy importantes en la economía española, sumando el hecho de aumentar el dinero en circulación. Recordar que la totalidad del sector ha llegado a suponer el 5% de la economía española. En segundo lugar, las arcas públicas no se debilitan, sino que según un estudio de la ANFAC, se estima que se ingresen 3 euros vía impuestos por cada euro invertido en el plan de ayudas. Finalmente, el ahorro energético es un tema a tener en cuenta en un contexto de encarecimiento de los combustibles y la elevada dependencia de España del exterior. Dicho ahorro puede rondar los 90 millones de euros.

En conclusión, es incuestionable el incremento de la demanda que se derivará, el problema es que no significará más que una solución temporal y no estructural mientras no se recupere la débil demanda interna española. No obstante, el resto de efectos económicos justifican la implantación de la medida desde todos los puntos de vista. Es más, desde algunas posiciones, se defiende que se podría prorrogar en el tiempo ya que es sostenible en el sentido que puede autofinanciarse e incluso desarrollarse este tipo de políticas en otras industrias estratégicas. Además, desde un enfoque no económico, la argumentación medioambiental y de eficiencia energética puede justificar la subvención frente las críticas desde otros sectores, ya que dicha política de ayudas también se ha desarrollado en industrias como la de energías renovables.

Marc Barberà. Profesor Economía Aplicada URV

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Categorías:Economía

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