Las dos premisas que marcan el optimismo del FMI

El Fondo Monetario Internacional no es una institución que acostumbre a ser demasiado pesimista, ya que las últimas previsiones de crecimiento económico habían quedado por encima de los datos reales de manera generalizada. En esta ocasión, la tendencia no ha cambiado. El escenario contemplado por el FMI para cuantificar sus pronósticos del PIB no ha sido pesimista.

En su último informe WEO (World Economic Outlook) presentado ayer, se hace una explicación exhaustiva sobre los riesgos que atenazan actualmente la economía mundial. En las economías avanzadas, destacan como principales mermas ya conocidas la consolidación fiscal y un débil sistema financiero. Factores bajistas que no pueden ser neutralizados únicamente por unas políticas monetarias laxas, sino que requieren de mayores iniciativas institucionales. Además, esta realidad se ve especialmente agravada debido a la sensación general de incertidumbre, la cual creen que se soporta sobre dos riesgos cruciales relativos al ámbito político: el problema de deuda en la Eurozona y el precipicio fiscal en EEUU.

No obstante, el FMI ha elaborado sus previsiones considerando como premisas que los dos riesgos serán abordados con efectividad i relativa celeridad.  Dos riegos de gran importancia por los efectos devastadores que conllevarían sobre la economía mundial.

En primer lugar, se considera que las autoridades políticas europeas seguirán adoptando medidas para mejorar las desfavorables condiciones financieras en las que se encuentran los países de la periferia en la actualidad. En este sentido, después de los avances conseguidos tras la cumbre del 29 de junio y la implantación de nuevas operaciones monetarias de compraventa por el BCE, el FMI prevé la activación del MEDE por parte de las autoridades nacionales con problemas. Y, especialmente, cuenta con la materialización de mayores avances hacia una mayor armonización bancaria y fiscal.

En segundo lugar, también se presupone que los políticos estadounidenses impedirán que se produzca el “fiscal cliff”, es decir, la entrada en vigor de automáticos aumentos de impuestos y recortes de gastos. Para ello, tendrían que acordar un incremento de la deuda federal de EEUU y unas modificaciones presupuestarias que permitan abrir camino hacia una mayor sostenibilidad fiscal. En caso de no abordarse y activar el precipicio fiscal, las políticas fiscales devendrían mucho más contractivas y se implantarían reformas con una magnitud estimada del 3% del valor del PIB.

En definitiva, si las previsiones del FMI se han sustentado en suponer que los dos principales retos de la economía en estos momentos serán afrontados y gestionados, podemos concluir que el Fondo Monetario no ha sido pesimista, más bien lo contrario. Por ello, el propio informe detalla que si no sé abordan estos importantes desafíos, el pronóstico de la institución quedaría nuevamente por encima del crecimiento del PIB real. Si bien, también inciden en que si las instituciones políticas fueran más allá en cuanto a las soluciones para estos dos temas,  el crecimiento real podría superar las proyecciones. De todas maneras, ir más allá en las soluciones no está deviniendo la pauta en los últimos tiempos.

Helena Rocañín. Analista del Club de Bolsa Alumni UB.

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Categorías:Economía

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